
Lo que comenzó como simple curiosidad, la reiterada pregunta de cada año a sus maestros, ¿cómo va Santiago en el colegio?, fue dando respuestas a lo largo de toda su vida que más o menos iban en esta línea:
Etapa de guardería (0 a 3 años): Muy sociable y gran hablador incluso desde el balbuceo, perfectamente adaptado, muy inteligente pero también muy disperso. Mencionan su "tempo lento".
Infantil (3 a 5 años): Inteligente y participativo pero muy disperso. Aprende a gran velocidad . A los 3 años lee con fluidez.
1er curso (6 años): Muy inteligente aunque con una gran dispersión. Muy sociable y participativo.
2do curso (7 años): Se lo ve algo inmaduro y muy disperso. La profesora nos sugiere una consulta neurológica y estudios por probable TDAH. Jamás se había apreciado ningún indicador de hiperactividad.
Comenzamos con una indagación que incluyó visitas a pediatra, neurólogo y psiquiatra. Se practican desde analíticas de sangre para verificar niveles de hierro, pruebas neurológicas para definir indicadores de posible déficit de atención y baterías de tests psicológicos para valorar su nivel de inteligencia.